sábado, 23 de abril de 2011

"Código Fuente" o el Sentimiento 'FinalFelizero' de la Vida

Voy a ver "Código Fuente" y me gustan mucho los primeros minutos. La música y la planificación son muy Hitchcok (lo digo en plan bien). Me siento súperlisto porque me acuerdo de Bernard Herrmann y mi autoestima sube un pelín. "Qué cinéfilo más guay que soy", pienso, y sigo disfrutando de la acción (aunque me doy cuenta enseguida de lo patético que puedo llegar a ser cuando me pongo "cinelistillo"). Me gustan los actores, el planteamiento y tal y cual y pascual. Sale Vera Farmiga (que también me gusta) pero empieza a hablar con Gyllenhaal y a poner caras de "tío, sé que eres el protagonista, pero estás metido en un lío muy gordo que es mejor que no sepas". Y la erección que tenía se me va a la mierda. El guionista me empieza a tratar como si se creyera "El Encantador de Perros" o algo así. No voy a utilizar palabras como "adulto" o "infantil" porque no se adecuan suficientemente al concepto que quiero transmitir. Prefiero utilizar "ser vivo" o "gilipollas" para expresar cómo se siente uno cuando los "giros de guión" están tan mal diseñados. Pero ¿sabéis qué? Me la suda. Sigo disfrutando, ¡claro que sí! El McGuffin por los pelos de la tan socorrida Mecánica Cuántica me vale para gozar del "Día de la Marmota de 8 Minutos de los Extraños en un Tren". Me relajo porque me gusta el cine aunque el guionista se empeñe en anticipar el suspense en lugar de escribirlo. Y después de una hora de película me invade la melancolía. Jake Gyllenhaal empieza a obsesionarse con el final feliz de su propia película. ¡Es la polla! Como al espectador se le promete un final agridulce, el prota toma las riendas del metraje y se encarga de construir un FINAL FELIZ olvidándose casi de la trama principal propuesta por... por quien sea que la haya propuesto. El metalenguaje se transforma en ideología y la peli entretenida se convierte en propaganda de "coaching" puro y duro, puritano y bienpensante. Y unas solitarias lágrimas resbalan por mi mejilla. A ver si me entendéis: la peli no es mala si te la tomas como "sucesión de imágenes" y todo lo que tú quieras. Pero la ideología que supura es una bomba de racimo que mutila sin que nos demos cuenta lo poco que nos queda de fortaleza moral. Me explico. En "Código Fuente" el prota es NOBLE. Es un HÉROE de GUERRA que se preocupa más por sus compañeros de AFGANISTÁN que por él mismo. Su único PECADO (que le persigue hasta torturarle) es haber REÑIDO con su PADRE. El héroe no tiene rasgos egoístas, contradicciones ruines o pensamientos impuros. No quiere follarse a Michelle Monaghan, quiere CASARSE con ella. La peli no tiene sentido del humor porque el sentido del humor degrada la INTACHABLE conducta del héroe americano. Y sin embargo, recurre al humor de un cómico amargado (al que el héroe redime de su amargura), para SALVAR a los pasajeros de un tren maltrecho por la MALDAD de un TERRORISTA. Y CONVIERTE LO IMPOSIBLE EN POSIBLE para que LO QUE ESTABA MAL TERMINE BIEN. Vale. Así contado no parece tan mal hasta que te das cuenta de que la narración queda casi anulada por falta de elementos negativos.  Vivimos una época tan políticamente correcta que EL BUENO es UN SANTO con el que no hay manera de identificarse. El peligro de estas pelis es que utilizan "El Viaje del Héroe" de manera magistral para "venderte" una visión del mundo abominable. ¡Claro que me molan los finales felices!  ¡Y las americanadas! Pero cuando Marty McFly en "Regreso al Futuro" salva a sus padres lo hace para salvarse a sí mismo (no al mundo). Su motivo es egoísta, ruin y está justificado por su propia supervivencia. El personaje es tan humano y con tantos defectos que en la peli podemos entrever que el "héroe" se hubiera follado a su madre si eso no hubiera puesto en peligro su propia existencia. Vito Corleone es el mito que aúna "familia" y "corporación" en un solo personaje y que sienta las bases de la cultura americana. Es tan complejo y resuenan tantas metáforas en él que no puedes no identificarte y asustarte con esa identificación. ¡Catarsis! Han Solo quiere pasta, bebidas alcohólicas y acostarse con la princesa Leia. ¡Normal! ¡Claro! Y todos tienen un sentido del humor acojonante que pone de relieve las debilidades del héroe. ¿Por qué ahora los protas tienen que ser la madre Teresa de Calcuta? ¿Por qué, en una peli tan virtuosa a nivel técnico como "Buried", parece que el prota se merece ser enterrado vivo por haberle puesto los cuernos a su mujer? ¿Qué nos está pasando? Menos mal que está la tele... Menos mal que está "The Wire" o "Boardwalk Empire" o "Nip Tuck" o "Crematorio". La obsesión por el final feliz la tenemos inscrita en nuestro ADN. Somos seres vivos diseñados para replicarnos. Para darnos una segunda oportunidad en otro cuerpo. Eso es bonito por trágico. Pero este pastelismo que nos invade de perseguir nuestra propia inmortalidad (¡encima con mensaje incluido!) señala la decadencia de una sociedad que no admite sus propios demonios. El "Pensamiento Alicia" o "Angelismo" como bien lo define André Comte-Sponville amenaza con destruir uno de los motores más importantes del ser humano: su inherente ruindad. No digo que haya que ser ruin. Digo que en la gestión de nuestras grandes debilidades está el germen de nuestras pequeñas grandezas. El final de "Thelma y Louise" es un final feliz. El final de "Código Fuente" es una negación del "final" como concepto. "Código Fuente" utiliza las paradojas espacio temporales para negar cualquier manifestación de maldad. Y eso… es (paradójicamente) malo. Para el alma.